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domingo, febrero 22, 2026
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Sueños

Por: Ulises EL Griego

“Mi familia no tuvo  unos recursos económicos importantes y vivimos dificultades, como las que vive la mayoría del pueblo, entonces no somos ajenos a esos problemas, los conocemos profundamente y los entendemos” Pablo Escobar Gaviria

Buscándole…  “A ver compa, ¿a qué te dedicas? ¡Bájate del carro!  me indico un hombre, que portaba un rifle de asalto y equipo táctico mientras  algunos más rodeaban mi auto, observé a la distancia 3 trocas con más personas en su interior, con un tono de voz que dejaba ver su corta edad, inicio a preguntarme sobre mi actividad, mi origen y mi destino de viaje, cuando le respondí sobre mis actividades y oficio , cambio su actitud que era un tanto hostil, hacia una más amable y hasta con cierto aire de interés, empezó a preguntarme cosas más triviales, ¿oiga y cómo ve al gobierno? ¿Esta chido trabajar de periodista? ¡No viaje solo es peligroso! (irónico ¿no?).

Y es que viajar por carretera a zonas distantes del estado y sabiendo que son rúas, muy solitarias siempre lleva un porcentaje de riesgo, pero volvamos a mi charla con los muchachos:

Tomando más confianza en la charla y respondiendo sus preguntas, capte el interés ya no solo del primero sino de algunos más,  note que nunca bajaron la guardia y siempre les observe atentos a su entorno y a mí. Poco más relax y recurriendo a mi oficio, decidí  realizarles algunas preguntas a modo de una entrevista a pie de carretera.

Como un interés periodístico no del momento que estaba viviendo, sino uno más reflexionado tiempo atrás, me preguntaba ¿Por qué se dedican a eso? ¿Tienen familia? ¿Tienen sentimientos como culpa, vergüenza, odio, etc.? ¿Tendrán metas, sueños por cumplir?

Con no mucho tiempo para realizar algunas preguntas y también sin tratar de ofenderlos de algún modo, lance mi primera pregunta: ¿Porque se dedicaron a esto?

 

 

Observo a chicos de corta edad, con un rostro curtido por el abrasador sol, unas manos agrietadas y maltratadas, algunos con una mirada reflejando su impaciencia y hostilidad y otros cuantos con singular bondad y paz en sus ojos.

Me responde el que me detuvo al principio, que llame posteriormente “basquetbolista”: “Yo era chingón en el básket, me seleccionaron para ir a los zonales, tenía buen promedio en la escuela, quería salir de mi pueblo e irme a Chihuahua a estudiar derecho, hasta que mataron a mi hermano por equivocación y siendo él, quien nos mantenía tuve que buscarle para sacar a mi jefecita y carnales adelante, pero ganando pinches 600 pesos a la semana pos’ no se armó, aquí no sé cuánto dure pero al menos hay botana para ellos”

Ahora el más alto y corpulento del grupo creo que mide  2 metros, carga en sus manos una AK-47 se burlan de él, porque lo que ellos llaman pechera le queda chica y sus “lonjas” se desparraman a los lados,  se ve que hay camadería entre ellos, que son apenas unos adolescentes haciéndose bromas, me recuerdan cuando yo tenía la misma edad y hacíamos la misma “carrilla” todos contra todos.

El “pequeño” adolescente no pide la palabra, calla a los demás, con cierto autoritarismo,  su tono de voz aguda asemeja la de un niño, me observa fijamente a los ojos su mirada  no es  hostil, es  como si buscara justificación y mi condescendencia:  “La verdad a mí me gusta un chingo andar aquí, a mí nadie me obligo, ni me amenazo, yo tengo de hecho mi familia que tiene tierras y negocio, solo que pos esta chido andar aquí tirando desmadre,” y acota su respuesta cantando “En el radio un cochinerooooo-“

En este momento uno de ellos que está a  distancia grita ¡Chingada madre!  “órale cabrones a movernos” seguido de palabras que no comprendí, creo fue en clave,  le pregunto  al “basquetbolista” ¿Qué pasa? Me responde “súbase a su carro,  nosotros nos vamos en chinga. Allá a ver si lo saludamos más tarde en el pueblo…”

“Actualmente unos 75.000 menores de edad están integrados a grupos de delincuencia organizada, y participan abiertamente en sus actividades. Un fenómeno que también se vivió en los años 90 en Colombia, cuando arreciaba la guerra del Estado contra el crimen organizado” Grupo Cauce Ciudadano.

Algunas diligencias laborales me llevaron a visitar ese singular pueblo, enclavado en un árido desierto, las casas, negocios, la plaza pública y todo su entorno, a las 2 de la tarde, proyecta un pueblo activo la gente va y viene se observa una buena actividad económica, todo esta tan tranquilo, la gente saluda con esa amabilidad innata que caracteriza a los del norte, es como sentir que podrías quedarte y vivir sin preocupaciones.

Ceno a pie de la calle, la comida es buena, con ese singular sazón casero y norteño, aun siendo las 7 de la tarde la gente escasea en la calle, aspiro ese aire fresco, pero este ambiente de tranquilidad es interrumpido por una “troca” a madre o sea muy rápido, la cual se detiene al lado mío, el señor de los tacos ni se inmuta es más hasta esboza una sonrisa.

¿Qué paso como esta, profe?, ¡Es el basquetbolista! en mi interior pienso “a chinga, desde cuando soy profe” el mismo se responde: es que usted me recuerda a mi profe de primaria, era así como usted. Le observo; se ve que ha tenido un día de “trabajo” arduo, sus ropas ahora lucen sucias, sus manos aún más, su rostro es cubierto con sudor seco mezclado con arena del desierto, pero su buen ánimo no decae, ordena cena para él y sus acompañantes, todos lucen sus armas con “orgullo” lo deduzco por su lenguaje corporal, todos me saludan, -amables- como si vieran un viejo conocido. Se escucha en la bocina del puesto un corrido sobre hazañas de un tal águila blanca, sirve de fondo para esperar e iniciar la cena.

El basquetbolista, no busca llamarme por mi nombre, él lo sabe checo mi licencia en el retén, yo no busco conocer su nombre, me interesa más su percepción sobre lo que vive, sobre lo que hace, sobre sus sueños.

Transcurre el momento entre anécdotas propias de mi oficio las cuales les comparto, y entre las que ellos me comparten. ¿Primera vez que cena unos tacos bélicos profe? Respondo con una sonrisa – Si- ante la pregunta de uno de los adolescentes, siento que esto da pie a poder continuar, con mis preguntas, que deje pendiente horas antes.

Les digo a ver chavos respondan esto, estoy a punto de lanzar la pregunta, de hecho, la he pensado toda la tarde, pero en este instante, justo en este momento observo de cierta manera a niños/adolescentes, jugando con sus celulares, haciéndose bromas, algunos en las redes sociales, otros más hablando de ropa y tenis, me miran fijamente observo sus miradas, me embarga un sentimiento que aún no he podido descifrar. La omito, la cancelo, la cambio.

¿Les gustaron los tacos? Al unísono responden “chingones” me despido del basquetbolista que no ha dejado que pague por mi cena, le estrecho la mano el opta por un abrazo. El sentimiento lo descifro, -lo guardo solo para mí-  a ellos les deseo larga vida.

La vida es tan corta que a veces preguntar algo esta demás.